El interés de la última reunión del BCE no se centraba en saber si se subirían los tipos de interés, algo que casi nadie esperaba, sino en cómo reaccionaría ante el dilema habitual que se plantean los bancos centrales frente a un shock de oferta como el generado por la guerra en Oriente Próximo. Se esperaba un BCE en alerta ante los riesgos de inflación, con pistas sobre hasta qué punto va a ser paciente o no.
