Coca-Cola Company siempre ha podido presumir de dos cosas: de tener la marca de refrescos más famosa del mundo y de una trayectoria que ha hecho sonreír a miles de accionistas, en parte porque su popularidad le da un poder fabuloso para fijar precios. La compañía tiene acuerdos con más de 200 embotelladoras en distintos países a las que proporciona los concentrados, que son la base de los jarabes que dan lugar a los cosquilleantes refrescos. El reparto de funciones en este engranaje lleva décadas engrasado: la empresa norteamericana establece la estrategia, programa la publicidad general y apoya a sus socias (que son sociedades independientes), en las que, a menudo, participa accionarialmente con una posición minoritaria. A cambio estas embotellan, enlatan, distribuyen y comercializan las bebidas, y están en contacto directo con los clientes, lo que les exige hacer importantes inversiones y conocer al dedillo sus mercados, en los que ejecutan sus propias campañas de marketing y patrocinios.
Un nuevo ERE
CCEP Iberia tenía en 2024 una plantilla de 4.208 empleados (últimos datos disponibles), la mayoría (2.269) dedicados al área industrial, y lleva varios años ajustando plantilla. Nadie en la empresa quiere repetir el error de 2014, cuando despidieron a 821 empleados y el proceso se declaró nulo por la Audiencia Nacional.
En 2023 fueron 58 las bajas, 115 en 2024 y cerca de medio centenar el año pasado. Este 2026 ha arrancado con la propuesta de un ERE para 23 personas en Esplugues de Llobregat (Barcelona). La compañía explica que todos ellos “se han llevado a cabo de la mano de la representación laboral para adecuar las operaciones actuales a las necesidades del mercado”, y destaca que han incluido medidas para minimizar su impacto, como recolocaciones. Los sindicatos, en cambio, acusan a la empresa de un goteo de bajas para externalizar servicios.
