“El consejo de administración de Naturgy es un espacio sólido y de paz”. Así de contundente era el mensaje que el máximo ejecutivo de la energética, Francisco Reynés, trasladaba a los analistas interesados por la estabilidad accionarial de la empresa con ocasión de la presentación de resultados a mediados de febrero. Solo unos días después, Global Infrastructure Partners (GIP), propiedad de BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, vendía el 11,4% que aún mantenía en el capital de la compañía, abandonando también su consejo.
