Que los arquitectos del conflicto que se ha desatado en Oriente Próximo no hayan valorado los efectos colaterales de las hostilidades en la economía mundial es ya una obviedad. Una situación que tiene derivadas geopolíticas tan inimaginables como el levantamiento de las sanciones a Rusia por parte de EE UU.
IPC
Las presiones inflacionistas han ido en aumento, antes incluso del estallido del conflicto en Irán. La inflación subyacente (descontando energía y alimentos frescos) repuntó en febrero hasta el 2,7%. Esta tendencia, junto con el encarecimiento de los precios energéticos consecutivo al conflicto, obligan a una revisión de las previsiones de inflación. Si el petróleo y el gas cotizaran en los próximos meses conforme a lo que marcan los mercados a plazo, el IPC se incrementaría un 3,6% en marzo y se elevaría por encima del 4% en los meses posteriores, antes de iniciar una desescalada, bajo la hipótesis de una contienda acotada en el tiempo.
