Pocos metales brillan como el oro. Un brillo que en los últimos meses ha cegado a fabricantes y joyeros. Durante el pasado año inició una escalada de precios que, por ahora, no vislumbra momento de frenada. La revalorización del metal precioso fue notable en 2025 con alzas anuales del 70% en la medida que la incertidumbre geopolítica lleva a los inversores a poner su dinero en activos considerados como refugio. En el arranque de 2026 esta tónica ha continuado. La cotización del oro tocó máximos históricos el 28 de enero (5.417 dólares la onza), luego el precio se tomó un respiro y en las últimas semanas vuelve a repuntar situándose esta semana en 5.082 dólares.
Fabricar con menos quilates
Algunos fabricantes han optado por cobrar el trabajo por un lado y el metal por otro, hasta ahora dentro de un mismo pack. Mientras que en este segundo concepto la rentabilidad es cero o mínima, la manipulación de la pieza mantiene precios. Otra vía es la bajada de quilates. Aunque la alta joyería no dejará de fabricar en 18 quilates, otros fabricantes ya lo hacen y miran con buenos ojos apostar por 9 quilates (37,5% de oro), con una diferencia proporcional de precio. “Los clientes demandan productos con un tiquet medio entre 200 y 400 euros de precio final. Esto en 18 quilates es imposible. Este año hemos notado entre un 25% y un 30% de incremento en piezas de 9 quilates”, asegura Merche Navarro, de Avajoya. También se alzan voces que piden aligerar el peso de las piezas y usar materiales base distintos al oro, como el zamac, el níquel o la plata, pese a la subida meteórica de este último metal. La gestión del stock se ha convertido también en un pilar clave. En general, la gestión se ha vuelto más estratégica y prudente. “Se reducen inventarios, se acortan ciclos de producción y se trabaja más bajo pedido para minimizar la exposición a la volatilidad del precio del oro”, esgrimen desde la asociación cordobesa.
